sábado, 25 de octubre de 2014

OTEIZA Y SUS ESPACIOS ESTÉTICOS PARA EL HOMBRE EN EL MUSEO SALVADO VICTORIA






"Duermo con los brazos en alto pero no me rindo/moriré de rabia, no de viejo/el ecuestre gozor de la pelea". Son versos de Oteiza (Orio, Guipúzcoa, 1908/San Sebastián 2003), subidos a las redes sociales con ocasión de esta exposición, en los que resuena su espíritu independiente y rebelde junto al vacío de sus esculturas y la nueva espacialidad que llena las salas del Museo de Rubielos.
La exposición, titulada "Oteiza. El ser estético", ofrece 37 obras, 6 esculturas y 31 dibujos de siete "familias" relacionados con cada una de las piezas, fechadas todas en los años más fructíferos de este artista, entre 1950 y 1958.
Permite apreciar la evolución del proceso experimental de Oteiza, desde sus esculturas figurativas a la abstracción y la creación del vacío en sus cajas y esferas.
"Es una pequeña antológica de su periodo más fértil -ha explicado a  Diego Arribas, director del Museo de Rubielos-. Es en la década de 1950 cuando Oteiza realizó sus trabajos más importantes, antes de dejar la escultura en 1959 y dedicarse al estudio de la cultura y la filología vasca y la poesía".
Las obras proceden de la Fundación Museo Jorge Oteiza de Alzuza (Navarra), que dirige Gregorio Díaz Ereño, y es fruto de la colaboración de ambas instituciones y de sus directores y la viuda del pintor Salvador Victoria, Marie Claire Decay, para ofrecer la primera exposición del artista vasco en Teruel.
Los dibujos y collages son bocetos y documentos con anotaciones y observaciones de Oteiza en su investigación estética sobre la luz y un lenguaje espacial nuevo, que luego tomarían forma como esculturas.
El concepto de "ser estético" de Oteiza está presente con fuerza en esta exposición: "Quiero remitificar y sacralizar los espacios vacíos para que sirvan de trascendencia, de protección estética y religiosa del hombre, que se apoye en estos espacios trascendentes de naturaleza estética", escribió el escultor, estableciendo la diferencia con el pensamiento de Heidegger.
Del "ser estético" de Oteiza, de la condensación de la luz y del vacío hablan hoy los responsables de los dos museos y el escultor y profesor Javier Elorriaga, mientras que Emilio Gastón, poeta y exjusticia de Aragón, pone voz a los poemas del artista.
La exposición comienza con una obra de 1950, "Figura para regreso de la muerte", de la que los dibujos muestran el vaciado de la figura humana, que Oteiza aplicó a una de sus obras emblemáticas, el friso de los apóstoles de la fachada de la Basílica de Arantzazu, en Oñate (Guipuzcoa), un proyecto del arquitecto Saenz de Oiza, en el que también colaboraron  como Chillida, Lucio Muñoz y el propio Salvador Victoria.
Destaca en la exposición el bronce "Cabeza de Apóstol", de 1953, cuya instalación en el friso de la basílica tuvo que esperar hasta 1968, debido al rechazo de la Iglesia, recuerda Diego Arribas.
Las dos últimas obras de la exposición son una "Caja vacía" de 1958, en la que el protagonismo está en "el núcleo interior de cada cubo, un vacío que adquiere un carácter espiritual, metafísico", y "Homenaje a Mallarmé", también de 1958, que pertenece a la última etapa de su proceso experimental.
Un año después, y a pesar de haber obtenido en 1957 el Premio Internacional de Escultura de la IV Bienal de Sao Paulo (Brasil), Oteiza abandonó la escultura.
Él mismo lo explicó así: "El momento cumbre de un escultor es (…) cuando se da cuenta de que lo que le pedía al arte, el arte le ha contestado". Y añade: "El arte es un puente, una preparación para otro tipo de madurez mucho más importante: la madurez  para la vida con los demás" porque, escribirá, el arte es un lenguaje "para fabricar ‘hombre’, para repararlo en las épocas de cambio en las que el hombre y la sociedad necesitan esta reparación".
Regresó a la escultura entre 1972 y 1975 con su "laboratorio de tizas", una investigación a pequeña escala y con materiales humildes, aunque algunos de sus proyectos se convirtieron después en esculturas de gran formato.
En 1985 recibió la Medalla de  de las Bellas Artes y el Premio Príncipe de Asturias en 1988, año en el que la Fundación Caixa de Pensiones organizó la primera gran retrospectiva en MadridBilbao y Barcelona.
La mayor retrospectiva del artista, "Oteiza: mito y modernidad", en 2004, un año después de muerte, fue organizada por el Museo Guggenheim en su sede de Bilbao y en la de Nueva York, así como en el Museo Reina  de Madrid