viernes, 21 de noviembre de 2014

Oteiza y la música





Oteiza le interesaba todo, y en todo lo que se sumergía como investigador, creador e intelectual, se sumergía de lleno, muy intensamente. La música fue un arte que también despertó su interés, que activó su pensamiento y su estudio, una faceta poco conocida y analizada que ahora se aborda en una nueva publicación de la Fundación Museo Oteiza, Oteiza y la música. Esta monografía, que supone el volumen nº 3 de la colección Prometeo, ha sido escrita por la investigadora y profesora en Musikene (Centro Superior de Música del País Vasco) Elixabete Etxebeste (Donostia, 1965).
La concesión, entre 2006 y 2008, de la Beca Itziar Carreño a esta investigadora constituyó el punto de partida de este trabajo, que se ha materializado en un libro cuyo objetivo es “dibujar la actitud, la intuición y la inquietud artística de Oteiza respecto a la música, y mostrar cómo se comporta ante esta disciplina un creador que contempla con naturalidad la translación de conceptos e ideas entre las artes”, señala la autora. La abundancia y el valor de la documentación analizada permitió revelar que “Oteiza estudió y se dedicó a la música mucho más de lo que consiguió mostrar”. El libro reproduce una selección de escritos y anotaciones, asociándolos entre ellos, contextualizándolos y complementándolos con informaciones que, además de ratificar el interés expreso del autor por la música, permiten hacer un seguimiento de las preocupaciones del artista en relación a esta disciplina. Oteiza y la música es una obra que se basa en documentos originales preservados en el Museo Oteiza y que, salvo excepciones, son inéditos. En la mayoría de los casos se trata de ideas y de reflexiones que no han sido pensadas para su presentación pública o publicación, carentes muchas veces de fecha, y donde Oteiza se expresa libremente, especulando sin tener en cuenta a un posible lector.
“En uno de sus papeles, Oteiza escribió: Jorge Oteiza deja la escultura para dedicarse al cine y la música electrónica. Y esa anotación me convenció de la necesidad de abordar esta investigación, confirmando la intuición de la que partía”, cuenta Elixabete Etxebeste, quien explica que el libro Oteiza y la música se ordena en dos partes: “La primera estudia la relación de Oteiza con la música que le rodea, la música que lee y que escucha, y sus posibles usos y gustos en relación a esta disciplina, a través de escritos del artista, del contacto que tuvo con compositores e intérpretes del momento, y de encuentros clave para él, como fue el que tuvo a principios de los años 60 en Pamplona, a través de Fernando Remacha, con Stockhausen, quien entonces capitaneaba la vanguardia de la música. La segunda parte aborda las reflexiones de Oteiza sobre la música como arte y como disciplina, y los proyectos que fue gestando en relación con la creación musical, en concreto para artes escénicas y para cine, aunque ninguno llegó a materializarse”, explica Etxebeste. 
En la biblioteca del artista se encuentran muchos libros sobre música tradicional vasca, pero también obras sobre teoría musical, etnomusicología, música electrónica, o música y cine. Además, en el museo de Alzuza se custodian cientos de documentos manuscritos y mecanoscritos que atestiguan reflexiones y proyectos alrededor del jazz, la música tradicional, la música clásica o las vanguardias del XX. 
LOS GUSTOS MUSICALES DE OTEIZA
Del clasicismo a la vanguardia
“Lo escuchaba todo”
Del clasicismo de Beethoven, Mozart o Bach a compositores de la vanguardia española como Luis de Pablo y del serialismo integral, pasando por la música tradicional y popular, el fenómeno del bertsolarismo y la improvisación del jazz, “Oteiza lo escuchaba todo, y estaba al día de todo”, dice Elixabete Etxebeste, quien recoge en su libro los vínculos que el polifacético creador vasco tuvo con compositores del entorno como Fernando Remacha, Luis de Pablo, Carmelo Bernaola, Agustín González Acilu, Francisco Escudero o María Luisa Ozaita, en algunos casos con intención de crear proyectos conjuntos. Le interesaban creadores de música contemporánea, como Luciano Berio, Bruno Maderna, Wim Mertens, Ianis Xenakis o Pierre Boulez, y demostró especial interés por Anton Webern, Arnold Schoenberg o el antes mencionado Karl-Heinz Stockhausen. 
La investigadora cuenta que Jorge Oteiza “escribía muchísimo sobre la música que escuchaba, especialmente sobre la que escuchaba en conciertos. Escribía antes de ir a los conciertos, durante su celebración y después... Siempre estaba investigando, y estudió a nivel intelectual, de manera muy profusa y precisa, los conceptos musicales”. Eso sí, se planteaba la música “como una disciplina aparte de las demás, aparte de la escultura”. De hecho, apunta Etxebeste, “el único caso en que se ve una relación entre obra suya y la música es en el proyecto del Friso de los Apóstoles, al que siguió la poesía Androcanto y sigo, y después en la documentación conservada aparece un proyecto sobre El Ballet de los Apóstoles”.
Como complemento a esta nueva investigación sobre Oteiza y la música, el museo de Alzuza acogerá a lo largo del próximo año varios conciertos de música de vanguardia a cargo de grupos del Conservatorio Superior de Música de Navarra, y en marzo está prevista la inauguración en Baluarte de una exposición en torno a esta vinculación de Oteiza con la música.