martes, 22 de diciembre de 2015

CANALFUNDAMENTOS. CICLO VI: "QUIERO ESTA NADA, AQUÍ VIVO". LA CASA VACÍA DE JORGE OTEIZA

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· 01/12/2015

En cualquier sitio de la casa me encontraré en el centro de ella, en un sitio útil para mi trabajo. En cualquier sitio me caerá la luz desde arriba, como si lloviese (...) Aprovecharé en ella mi vida, es la casa funcional para un escultor, y además para un escultor que soy yo, para un escultor que tiene todavía la sensación de haber vivido en un mundo sin luz y sin sitio, un escultor de rabia y de estatua acumulada y que necesita estar en su casa solo.
Carta de Jorge Oteiza al arquitecto Luis Vallet, 9 de agosto de 1956
Casa Vacía no es un film sobre Jorge Oteiza, ni sobre la casa en la que vivió con Néstor Basterretxea. Casa Vacía es una invocación del escultor a través de su voz y de la luz que entra por los intersticios que quedaron sin tapiar en su casa, ahora abandonada. El autor, Jesús M. Palacios, recupera el pensamiento de Oteiza sobre la nada a través de un oscuro pero evocador recorrido por ese espacio vacío.
Estamos en la avenida de Francia, en Irún, en el taller que Oteiza compartió con Basterretxea. En 1959, Oteiza se sentía profundamente desarraigado y furioso; el País Vasco, decía, había perdido la oportunidad de llevar a cabo grandes proyectos. No solo se refería a los suyos, sino a los de otros tantos artistas de la Escuela Vasca, de entre los que solo Chillida había conseguido apoyo. Oteiza, por tanto, daba por finalizado su cometido en el arte.
Antes de retirarse a Alzuza, viviría once años más en esta casa dedicándose sin éxito a empresas en las que fracasaría de nuevo, casi de forma voluntaria…
Jesús Palacios se encontraba filmando la casa desde fuera, cuando se topó de repente con los nuevos inquilinos, que le invitaron a entrar.
Una vez dentro, sin embargo, ya no se interesa tanto por la casa como por ir al encuentro de Oteiza entrando en el “lado oscuro”, en la “zona velada”, como diría él mismo.
Oteiza vuelve en forma de energía; la energía que surge cuando ya no hay materia y que definió tantas obras suyas. La propia casa se ha convertido en una de sus cajas metafísicas; un cubo cerrado que se abre un poco a la luz en uno de sus lados.
Mientras Palacios descubre este espacio desolado, oímos la voz airada del escultor como una cacofonía demoníaca. Habla del vacío, de la nada, y de su proyecto para la película Acteón, que terminaría dirigiendo Jorge Grau. Oteiza quería hacer cine para despertar al espectador adormecido, y su discurso es implacable.
Al llegar al sótano, Palacios encuentra varias diapositivas que sugieren la relación que el artista habría podido llegar a tener con el cine. Imágenes de una materialidad bellísima y primitiva, embellecidas por el paso del tiempo, sí, pero que dan cuenta de su talento para la fotografía.
Junto al documental, incluimos una segunda serie de diapositivas encontradas en la casa y realizadas por Oteiza y Basterretxea.
Recomendamos visitar la web del autor del film, www.casavacia.com, un archivo valioso sobre la casa, su historia y los sucesivos proyectos de recuperación; el último, el encargo a Álvaro Siza Vieira para proyectar un centro de arte dedicado al escultor, al grupo Gaur y a las vanguardias vascas.
Andrea Franco