lunes, 22 de junio de 2015

Sistiaga ha vuelto a encontrarse con Jorge Oteiza



JOSÉ Antonio Sistiaga (Donostia, 1932) ha vuelto a encontrarse con Jorge Oteiza. Y lo ha hecho en su casa, en el Museo Oteiza de Altzuza, donde el artista donostiarra muestra hasta el 1 de noviembre una exposición que pretende dar cuenta de su extenso trabajo experimental en el campo de la pintura, el dibujo y el cine, desde finales de los años 50 hasta la actualidad. Sus pinturas negras, sus menos conocidos proyectos pedagógicos o los fotogramas de sus películas pintadas son los protagonistas de Sistiaga. De la pintura gestual al arte del movimiento, un repaso a la trayectoria y trabajos de un artista revolucionario, pionero e incansable.
“José Antonio es, ante todo, un pintor y, por ello, su peculiaridad reside en utilizar medios y soportes muy diferentes para pintar. Esta exposición no pretende ser una retrospectiva, sino presentar obras de diferentes épocas y realizadas en distintos medios, en torno a cuatro temáticas (el gesto pictórico, el cuerpo, la innovación y el movimiento), y tres espacios o ámbitos”, ha dicho de él Jean-Michel Bouhours, comisario de la exposición y conservador del departamento de arte moderno del Centro Pompidou de París.
El primer ámbito de la muestra, que se inicia cronológicamente, coincide con el primer concepto y movimiento que Sistiaga encontró a finales de los años 50 en París: el gesto pictórico. Así, se presentan sus pinturas negras, realizadas en tinta china y en las que destaca “un gesto rápido que, en algunas piezas, es incluso automático”. Incluye, además, sus series de dibujos pertenecientes a Desnudos y aDesnudos Eróticos, realizados en los años 70 u 80; y sus piezas más novedosas: De la tierra y Velocidad, luz, color, el último trabajo del artista, con el que busca “el impacto”, y en el que mezcla problemáticas como el transporte de la materia pictórica.
El segundo espacio se centra en la faceta menos conocida de su trayectoria artística: los proyectos pedagógicos que ha impulsado, fruto de su manera de entender el arte. Según recuerda Sistiaga, ese “deseo de buscar otros sistemas pedagógicos y cambiar los existentes” viene “de una anécdota del segundo día de colegio”. “Un compañero abandonó el aula y no volvió al colegio después de que un profesor le golpeara por guardar algo en el pupitre a mitad de la clase. Esa no es manera de educar y menos el segundo día, le dijo al maestro, y aprendí más ese día que durante todo el curso”, relata el artista guipuzcoano. Y es que, según confiesa, su propia “necesidad” le llevaba a acudir al museo en vez de ir a clase, como “una forma distinta de educarme”.
En el Museo Oteiza, esta particular y revolucionaria forma de entender la educación se muestra en una película que exhibe los procesos de participación de sus propios hijos en las prácticas pedagógicas que llevó a cabo en un taller de aire libre que creó en 1963, varios fotogramas intervenidos por niños en los talleres experimentales que ha desarrollado, y en la obra interactiva Relieve de acción pública, de 1967, una pieza permanentemente incompleta y que se construye con la intervención de los espectadores. “Después de exponerla en Donostia, me di cuenta de que los niños no tienen ningún problema en jugar con ella y con los paneles, pero los adultos sí. Esto es un ejemplo de un fallo de educación. Los niños demuestran una seriedad extraordinaria ante los materiales y no necesitan ninguna explicación sobre cómo actuar ante ellos”, concluye el artista.
El tercer y último espacio hace referencia a sus películas pintadas, en las que traslada el movimiento de su trazo como pintor al formato cinematográfico. De hecho, el artista es pionero en realizar este tipo de cine, sin cámara y con gran minuciosidad, pintando tiras de películas en 10 mm y 35 mm, lo que le dio visibilidad internacional. En la muestra, además de exponer estas tiras y algunos fotogramas ampliados a gran formato, se proyectan sus trabajos Paisaje inquietante. Nocturno. Homenaje al escultor Mendiburu (1990-1991) y En un jardín imaginado. Homenaje al pintor Amable Arias (1991).
PUBLICACIÓN MONOGRÁFICA “Oteiza tenía que admirar mucho a Sistiaga, porque parte de lo que escribió en Un modelo de hombre para el niño en cada país, en 1972, ya lo había escrito Sistiaga en El hombre de mañana en la expresión actual del niño, en 1967”, explica Jaione Apalategi, doctora en Pedagogía y profesora de la UPNA. Ella, junto al historiador cinematográfico José Julián Baquedano y el comisario de la exposición, Jean-Michel Bouhours, han participado en una publicación que se presenta junto a la muestra; una monografía sobre Sistiaga que pretende poner en valor su figura como un elemento “esencial de la renovación de los lenguajes artísticos de la segunda mitad del siglo XX” y analizar las relaciones de este artista con los diversos ámbitos artísticos en los que ha dejado huella.